Era una noche clara, aunque había algunas nubes que sin previo aviso podrían dar lugar a una tormenta. El ambiente era cálido, pero tampoco agobiante. Desde fuera se veía a dos chicos sentados con un perro grande en un acantilado bajo, cerca de una playa que estaba algo alejada del pueblo.
-¿Crees que vendrá?- Preguntó Myles embobado.
-Espero que sí.
-Yo también.
Luber se paró a pensar. Nunca le había gustado el mar, en realidad le daba miedo. No nadaba muy bien, y las pocas veces que había intentado nadar en mar abierto no trajeron buenos resultados. Toda esa masa de agua tan fuerte, capaz de albergar muchas vidas, pero también de arrastrar al hombre más fuerte dentro y ahogarlo.
-¿Sabes? Nunca me ha gustado el mar, prefiero la montaña, supongo que vendrá de origen, jeje.
-Bah, a mí no es que me encante, es sólo una gran masa de agua, y además cumple muchas funciones para el planeta.
-Y no olvidéis que también es muy hermoso.- Sonó una voz calmada pero quizá algo asustada.
Los dos chicos miraron hacia atrás, de donde provenía la voz y allí la vieron, una chica normal, con una gran cabellera, rasgos afilados y una pálida piel que dejaba ver una media sonrisa.
-Has venido, menos mal, creo que debemos hablar…
Súbitamente algo pasó rozando el aire, una especie de ráfaga de luz dio a parar en la arena que dejó como quemada. Tras el susto en unas décimas de segundo todos se miraron, Myles cogió a la chica y la llevó corriendo buscando refugio tras la cuesta del acantilado, preguntando mentalmente a Luber si veía la amenaza. Luber sin embargo se quedó paralizado y se salvó de otra flecha por un empujón de Alan. Miró hacía donde venían y no vio nada, aunque en la noche raramente podría haber visto algo.
Alan le miró expectante, ya que tampoco él conseguía ver que atacar, y quería proteger a Luber. De pronto Luber alzó los brazos, y, sintiendo una energía nueva en su cuerpo comenzó a mirar al cielo. Un viento fuerte se empezó a levantar, y las nubes pronto se acumularon encima de ellos. En cuestión de segundos un trueno, que pareció romper el cielo, quebró el silencio, y se oyó un estruendo voz de Luber que dijo:
-Muéstrate, cobarde.
Sin saber cómo, empezó a levitar del suelo y pronto comenzó a girar, así, con todo su poder, creó una chimenea, un pequeño tornado que se empezaba a dirigir hacia el enemigo. Myles y la chica aún no daban crédito a lo que veían y mirando al cielo, vieron que comenzó a caer una intensa lluvia, acompañada de unos grandes relámpagos que permitían observar algo en el paisaje. Así, el mar ya estaba agitado y sus olas habían crecido en gran medida, pareciendo mentira el paisaje que mostraban antes. Myles intentaba proteger a la chica, así que creo un campo de fuerza que los protegía y los hacía menos visibles.
Alan fue en la misma dirección que la chimenea, sabiendo que Luber la dominaba. ¿Quién les habría atacado? Hasta ahora no sabían de ningún enemigo, pero él se intuía que muchas personas no desean que otros tengan poder, y para eso estaba ahí, para proteger a Luber de que eso no pasase. Esta vez tenía la sensación de que sería la primera de muchas y que sólo sería un lacayo.
Al llegar cerca de una roca Luber descendió puesto que ya había hecho salir a su objetivo. Una silueta negra, con forma de mujer, apareció agarrada al suelo. Cuando descendió la observó sacar de su bolsillo unas pequeñas estrellas de metal, pero por suerte Alan la derribó de un placaje. Instintivamente ella le dio una fuerte patada al levantarse, lo que hizo que el lobo cayera adormilado. Por fin, estaban cara a cara, a Luber le pareció familiar esa silueta, pero no logró reconocerla, ya que iba tapada por la ropa y una capucha. Luber alzó el brazo y en la palma de su mano acumuló energía, que se vio como una bola brillante, sin embargo, la lanzó y su efecto fue distinto. Ese era su primer rayo. La ágil villana saltó dispuesta a darle una patada, pero en el último instante desapareció, dejando a Luber en el sitio. Detrás oyó una voz:
-¿Eso es todo lo que sabes hacer? ¿Y tus amigos, parece que te han dejado solo? No lo conseguirás, no te mereces el poder.
Ella sacó una espada de una vaina como por arte de magia, parecía haberla fundido de sus propias manos. Parecía un mal final, pero de repente Luber vio como Myles con un gesto logró lanzar la espada lejos de ambos, quedando la asesina sin su arma en las manos. Luber agarró a la chica por los hombros, aprovechando la décima de segundo del factor sorpresa y empezó a girar levemente, además con una sonrisa triunfal hizo que les cayera un rayo, ya que estaba convencido de que a él no le pasaría nada. El rayo los sacudió y dejó caer a la chica, se apoyó sobre ella y le dijo:
-¿Quién eres?
-No tienes ni idea de nada.
Y aunque estaba cansada y con múltiples heridas, pues inexplicablemente el rayo no la había matado, le dio una patada que lo mandó detrás. Cuando se incorporó Alan salió de la oscuridad con sus grandes ojos amenazadores y se puso encima de ella gruñéndole, para no dejarla salir. Cuando se hubieron acercado todos pasado el peligro y la tormenta remitiendo, ella dijo:
-Una pena que no pueda quedarme.
Y su cuerpo se transformó en arena, literalmente. Todos vieron cómo se desvanecía. También miraron a Luber, que ahora parecía otro, era él, pero con un aire heroico que no sabrían definir. Después de ocuparse de Alan y comprobar que estuvieran todos bien, buscaron asiento en el acantilado porque la tormenta remitió. Empezaron a hacerle preguntas a la chica del mar, pues pensaban que ella podría haber dicho a la asesina su paradero.
-Entiendo lo que estáis pensando. Tranquilos, mi nombre original es Evadne, nombre de una hija de Poseidón, relativo al mar, imagino que ya lo conoceréis. Yo, al igual que Alan soy una criatura de agua, aunque como veis puedo convertirme en humana, donde uso el nombre de Eva. Realmente no puedo pasar mucho tiempo sin agua, sino me debilitaría.
Parecía una chica tímida, Luber pensó que no sería fácil contarle esto a dos extraños como era para ella, pero algo le decía que esa era la persona a la que habían venido a buscar.
-Ayer cuando os acercasteis noté a Alan y fui hacia allá rápidamente, aunque no os esperaba la verdad, pero siempre es agradable volver a encontrar unas criaturas mágicas, en esta era de ciencia. Yo también tengo mi vida. Así que ahora os toca a vosotros
Los chicos, mientras ella acariciaba a lana, que parecía estar muy a gusto en su compañía, le contaron toda la historia. Tras acabar, y con una charla final algo tensa pidieron a Eva que les acompañase a su habitación y descansara allí lo que quedaba de noche. Ella aceptó y Myles decidió dejarla su cama para dormir él en el suelo con unas mantas. Por suerte, la dueña del hostal era muy amable y bendijeron tener la precaución de haber reservado antes.
Tras dormir bastante tiempo desayunaron todos en un bar cercano, aunque era ya más casi la hora de comer. Vieron que en las noticias informaban de la tormenta aparecida anoche y de cómo fue más fuerte de lo que imaginaban, aunque por suerte no hubo ningún herido, sólo quedó el susto.
Fueron a la playa, esta vez un día soleado, con bastante gente, y todos se dispusieron a relajarse un rato. Alan adoptó la forma de perro pero Luber, siempre tímido se mostró reacio a quitarse la camiseta.
-Vamos, sino siempre serás un blanquito. Venga, va.
-Sí, el sol tiene muchas cosas buenas para la piel.- Añadió Eva.
Alan le miró divertido y Luber por fin accedió. Cuando se la quitó y se examinó de repente vio una marca rara en el brazo. Todos la miraron. Era un tatuaje, una espada en la que se desplegaban dos grandes alas en su empuñadora y a lo largo del filo se le enrosca una serpiente, donde la punta de la espada coincide con la cabeza.
-¿Y eso?
-No tengo ni idea, debió salirme después de la lucha.
-¿Y si te lo hizo esa tía? Lo mismo es veneno- dijo Myles.
-No, no, es bueno, es tu marca. Y yo conozco ese símbolo, sé donde puedes encontrarlo. – dijo Evadne misteriosamente…